Los lunares de Haile Gebrselassie

En los deportes que se disputan en varias superficies, dominarlas todas es un reto al alcance de muy pocos. Durante años Rafa Nadal fue el rey de la arcilla pero se le resistía la hierba de Wimbledon, lo contrario que le sucedía a Roger Federer o Novak Djokovic, sus grandes rivales. En el ciclismo también hay ejemplos similares con grandes contrarrelojistas incapaces de rendir en la montaña y viceversa.

Algo así podríamos decir que le sucedió a Haile Gebrselassie con el cross. El rendimiento del fondista etíope a la hora de enfrentarse al barro, los desniveles o los charcos del campo a través disminuía considerablemente. Sus mejores puestos en un mundial de esta especialidad fueron el tercer lugar en Budapest 1994, un cuarto puesto en 1995 y un quinto en 1996. Grandes participaciones para cualquier otro corredor pero no a la altura que se le presume a Gebrselassie.

Su principal rival, el keniano Paul Tergat, al que privó de varios mundiales en pista sobre 10.000 metros y al que arrebató el récord del mundo de maratón, tomaba cada año en el cross su particular venganza contra el etíope. Tergat se impuso en cuatro mundiales de campo a través consecutivos entre 1996 y 1999.

Gebre y Fiz en el Cross de Elgoibar / Revista Runners World
Gebre y Fiz en el Cross de Elgoibar / Revista Runners World

Junto a su falta de éxitos sobre el barro, el otro gran lunar del atleta de la perpetua sonrisa fueron los maratones olímpicos. Tras hacerse con el oro en los 10.000 metros de los Juegos de Sidney y Atenas, Gebre decide no acudir a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 por los altos niveles de contaminación de la capital china. Su condición de asmático le hace más sensible a este problema y el etíope es claro al defender su no participación: “Es una decisión que he tomado por mi salud. No quiero poner en peligro mi futuro. No quiero suicidarme en Pekín haciendo algo equivocado. He hecho lo mejor para mi salud. El maratón en esas condiciones es imposible”.

A Londres 2012 sí intentará ir, pero no lo logrará. Elige el maratón de Tokio para conseguir un puesto en la selección etíope y acaba cuarto en 2:08:17, lejos de las marcas conseguidas por tres de sus compatriotas en el maratón de Dubai, que rondan las 2:05.

Ante eso, Gebre intenta llegar a la prueba de 10.000 m que tantas alegrías le ha reportado, pero ha perdido la chispa de antaño y no se clasifica. Es la primera vez que le sucede en toda su carrera. Se habla de una invitación especial de la federación etíope de atletismo que nunca llega. El recordman mundial de maratón en Berlín nunca se colgará una medalla olímpica en los 42,195 kilómetros. Ni siquiera llegará a competir en un maratón olímpico.

Estos lunares en la carrera del considerado por muchos como el mejor atleta de todos los tiempos no alcanzan siquiera a empañar una trayectoria que difícilmente puede llegar a ser igualada.

El legado del emperador: Haile Gebrselassie en cinco vídeos

Esta semana colgó las zapatillas a los 42 años el etíope Haile Gebrselassie. Unánimemente reconocido como una leyenda del atletismo y uno de los mejores fondistas de la Historia, contar su palmarés es perderse en las cifras de un hombre que dominó las pistas y la ruta. Solo decir que durante su carrera batió 27 récords mundiales y 61 registros etíopes en distancias que van desde los 800 metros al Maratón.

Conocido como el emperador, hijo de un granjero y parte de una familia numerosa (tenía 14 hermanos), Gebre tuvo como uno de sus grandes rivales al keniano Paul Tergat, en un enfrentamiento que iba más allá: simbolizó la lucha, todavía hoy latente, entre Kenia y Etiopía, por la supremacía del fondo mundial.

En su primera participación en los Juegos Olímpicos, los de Atlanta 1996, Gebre y Tergat se ven las caras en los 10.000 metros. Gebrselassie llega como favorito por haberse impuesto en los mundiales de Stuttgart 1993 y Göteborg 1995.

Cuatro años después, en los Juegos de Sidney 2000, Tergat busca desbancar al Emperador del oro olímpico en los 10.000 metros.

Ambos mantienen su dominio como si no hubiera pasado el tiempo, pero en esos años Gebre acumula victorias en el 10.000 m de los Campeonatos del Mundo de París 1997 y Sevilla 1999 y tres títulos en los mundiales de pista cubierta en 1.500 y 3.000. Es su duelo más espectacular.

En los 10.000 m de Edmonton 2001, los españoles Fabián Roncero, José Ríos y Chema Martínez serán testigos cercanos de algo insólito, el keniano Charles Kamathi pone fin al reinado de Haile Gebrselassie tras cuatro victorias consecutivas en los mundiales.

Haile abandona las pistas y en su salto al asfalto la adaptación es perfecta. En este vídeo de 2006, le vemos luchando por batir el récord del mundo de medio maratón en Phoenix (Arizona).

Pero si una ciudad estará ligada al nombre de Haile Gebrselassie, esa es Berlín. La capital alemana acoge el circuito de 42,195 kilómetros más llano del mundo y allí el etíope abrió debates sobre hasta dónde puede ser capaz el ser humano de rebajar la marca de maratón.

Este reportaje de Informe Robinson sobre el último de sus récords, en 2008, no solo muestra el talento de un atleta, sino que también enseña cómo Gebre disfruta del atletismo, cómo vive las horas previas de un gran evento con una naturalidad y una aparente ausencia de presión sorprendentes.

Sin duda, los aficionados del atletismo le echaremos de menos. Solo nos consuela saber que aunque no esté en las grandes competiciones, en algún lugar de Etiopía sigue corriendo sonriente, probablemente recordando pasados momentos de gloria junto a jóvenes que sueñan con llegar a ser algún día al menos una mínima parte de lo que Haile Gebrselassie ha supuesto para el atletismo.

HAILE

Chema Martínez rumbo a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008

Traemos este vídeo del camino de Chema Martínez a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 pocos días después de conocer, este viernes 7 de mayo, los criterios de selección para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en la prueba de maratón. En ellos la RFEA establece una mínima de 2h 13′. Un grupo de atletas españoles entre los que se cuentan Javi Guerra (el que cuenta con más posibilidades), Carles Castillejo, Pablo Villalobos, Ivan Fernández, José Carlos Hernández o Ayad Landassem, entre otros, están entre los candidatos.

El momento culmen de este proceso de selección llegará el próximo febrero en el maratón de Sevilla, los ‘trials’ españoles, donde podrían decidirse una o dos plazas para los Juegos, siempre y cuando se baje de las citadas 2h 13′.

Tras una preparación exhaustiva, como la de todo maratoniano de elite que se precie, Chema Martínez fue tal vez el último atleta español en arriesgarse a salir con el primer grupo de africanos en una prueba de este tipo. Pasó en cabeza el kilómetro 10 en 29’25”, un ritmo por debajo de 3′ el kilómetro, y en el 15 aún se mantenía delante, pero el ritmo trepidante, poco habitual en los grandes campeonatos, y el calor insuficiente, unas altas temperaturas que a priori beneficiaban al madrileño, como él mismo afirmaría al acabar, le dejaron sin opciones.

Chema Martínez durante el maratón de los Juegos de Pekín 2008
Chema Martínez durante el maratón de los Juegos de Pekín 2008

Quemó muchas naves por estar acompañando, entre otros, al ganador de la prueba, Sami Wanjiru, el más precoz de los talentos kenianos aparecido nunca en maratón y el más efímero por su prematuro fallecimiento. El paso de los kilómetros hizo mella en Chema, que acabaría decimosexto con 2h 14′, consciente de que de haber hecho una carrera de menos a más su posición habría sido mejor, pero para nada arrepentido de su intento: “era la única forma de luchar por el podio”, diría. Esa valentía, heredera de la de maratonianos españoles como Fabián Roncero que si bien no siempre es premiada por el crono y las clasificaciones, sí lo es por el espectador y en general, por todos los aficionados al atletismo.

Un maratón decidido al sprint: Antonio Serrano vs Dos Santos

Hay más de 42 kilómetros de asfalto para que el atleta más fuerte se diferencie del resto. Para que el mejor ataque en algún momento y llegue en solitario a la meta.

Todos han llevado preparaciones distintas, con más o menos kilometraje, con series similares pero no idénticas. Sin embargo, a veces, ya sea por la férrea voluntad del atleta de seguir al que está en mejor forma, por la fortaleza mental o porque han llegado en estados de forma casi gemelos, un maratón puede decidirse en la última recta.

Hemos visto muchos ejemplos, entre ellos la victoria de Abel Antón sobre Martín Fiz que podéis ver aquí.

Pero en el caso del que hablamos hoy, en la ciudad japonesa de Fukuoka allá por 1995, el sprint fue cosa de tres corredores, uno de ellos fue el manchego Antonio Serrano, hoy entrenador de buena parte de la élite atlética española. El Maratón de Fukuoka es junto a Tokio y Lago Biwa, uno de los grandes maratones japoneses, y entre ellos van rotando para ser sedes del campeonato nacional de maratón.

Tiene varias peculiaridades, es exclusivamente masculino y los corredores extranjeros participan únicamente por invitación de los organizadores, no está abierto al público general. Lo han ganado corredores ilustres como los fondistas estadounidenses Bill Rodgers y Frank Shorter (tres veces), o más recientemente el considerado por muchos, mejor atleta de todos los tiempos, el etíope Haile Gebrselassie, y el keniano tristemente desaparecido Sami Wanjiru.

Nunca lo ha ganado un español. El que más cerca ha estado ha sido sin duda Antonio Serrano. En el kilómetro 40 luchaba bajo una capa de lluvia por hacerse con el triunfo junto a otro español, Diego García, el corredor de la perenne cinta en la cabeza que dejó un gran vacío en el atletismo español con su fallecimiento en 2001.

SerranoFukuoka

A falta de solo dos kilómetros para el final, Diego no puede seguir, y Antonio Serrano se marcha junto al atleta japonés Masaki Oya, y al brasileño Dos Santos a por la victoria. Ya tiene garantizado el podio, pero no es suficiente. Una gran masa de público anima pese a la lluvia mostrando un paisaje de paraguas y pequeñas banderas.

El maratón en Japón es algo más. Casi una religión. La figura más espigada de Serrano se alza por encima de sus contrincantes, de menor estatura. Luiz Antonio Dos Santos es un atleta ya consagrado, el de más nombre de los tres. De familia humilde, trabaja desde joven en una siderurgia y empieza a correr tarde, sin destacar en un principio. En su primer medio maratón con 21 años hace 1h 24 minutos, un tiempo al alcance de muchos corredores populares. Solo era el comienzo de una carrera fulgurante que le llevaría a ganar el maratón de Chicago en 1993 y 1994 y ser bronce mundial en Göteborg 1995, en el que el ganador sería Martín Fiz.

Pese a que Dos Santos llegaba avalado como uno de los mejores maratonianos del momento, las marcas a priori, podían dar como favorito al español. Dos Santos nunca había roto la barrera de las 2h10′, mientras que Antonio Serrano sí lo hizo en su debut maratoniano en Berlín.

Entran en la pista los tres atletas juntos a falta de poco más de 400 metros. A falta de solo 300 metros Antonio Serrano toma un par de metros sobre sus rivales y parece que puede hacerse con el triunfo, pero Dos Santos guarda un último cambio espectacular y se hace con la victoria en 2:09:30, pulverizando su mejor marca y dos segundos por delante del español y del japonés Masaki Oya. Apenas 20 segundos después entra Diego García, cuarto, también por debajo de 2h10. El récord del circuito lo tiene, desde 2009 el etíope Tsegaye Kebede con 2:05:18.

El español que batió a Mo Farah

Nacido en Somalia, criado y hecho como atleta en el Reino Unido, Mo Farah se presenta hoy como el atleta total. Récord de Europa de 1.500, 10.000 y medio maratón, se atrevió a dar el salto al maratón en Londres el pasado año con una marca de 2:08:21 para terminar octavo. Para muchos de sus seguidores y parte de los medios de comunicación, el tiempo fue discreto, dado que Farah tiene a todos acostumbrados a luchar siempre por la victoria, pero su margen de mejora en los 42,195 kilómetros parece amplio después de que batiera semanas atrás en Lisboa el récord de Europa de medio maratón,  que ostentaba Fabián Roncero.

Es la única distancia en la que Mo Farah parece vulnerable y claramente batible por los especialistas kenianos. Pocos se atreven a toserle en el 5.000 y el 10.000, y menos aún si llegan en su compañía a la última vuelta en una carrera ‘lenta’. El mejor especialista español de 5.000 metros, Jesús España, lo hizo tras clasificarse cómodamente para la final del Europeo de Göteborg 2006. Mo Farah llegó a la final formando parte de la misma serie que el español Pablo Villalobos, que vivió una curiosa anécdota al perder su zapatilla durante la carrera, tal y como podéis ver en este vídeo.

En la final, Jesús España deja a Farah tomar la cabeza hasta enfilar los últimos 200 metros. En ese momento rebasa al turco Halil Akas, al que Juan Carlos Higuero, llegando desde atrás, pone en el punto de mira para alcanzar el podio.  Es un mano a mano con Farah en un gran campeonato. La amplia zancada del corredor de origen somalí contra las ganas incontenibles de un joven de Valdemoro se miden en la última recta del tartán.

En los últimos 50 metros el español toma la delantera y Farah y él dan todo lo que tienen en un sprint épico en busca de la gloria europea que deja una foto con los rostros del entusiasmo español y la desolación inglesa. Al acabar, Jesús España, modelo de atleta discreto, trabajador, que prefiere hablar en la pista, levanta el brazo de Mo Farah para señalar que él también es un ganador. Higuero lucha hasta el último suspiro y le quita la tercera plaza al turco en un final agónico. Hay doblete español en el podio.

Momento de la victoria de Jesús España / Eff Haynes
Momento de la victoria de Jesús España / Eff Haynes

Años después, Mo Farah dejaría de necesitar consuelo y sería él quien lo impartiría a sus rivales dado su absoluto dominio. Años después, Jesús España sigue al pie del cañón como una de nuestras grandes bazas del 5.000 m y ha adquirido el estatus de leyenda del atletismo español.

Natalia Rodríguez, la carrera en imágenes de una de las grandes mediofondistas españolas

El año 2015 no estaba destinado a convertirse en el de la retirada de Natalia Rodríguez. La plusmarquista española de 1.500 metros decidió en el verano de 2005 que las barreras no eran para ella. Ese 28 de agosto, Natalia Rodríguez (Torreforte, Tarragona, 1979) puso el tres encabezando su marca para ser la española en correr el kilómetro y medio más rápido de la historia con 3:59:51. Un registro que permanece imbatido casi 10 años después.

Pero retrocedamos otra década más hasta 1995 para ver como una chica con 16 años recién cumplidos despunta sobre el resto en el criterium nacional celebrado en el estadio de Los Pajaritos de Soria en la prueba de 800 metros. Se trata del Campeonato de España juvenil oficioso, ya que hasta el año siguiente no se incorporó de nuevo esta categoría con sus Campeonatos de España correspondientes.

Natalia dominaría muchas pruebas en estadios semivacíos como ese alrededor de toda la geografía española. En ellos,  solo los gritos de un puñado de amigos y familiares ponían algo de calor al duelo sobre el tartán. Dos años después, en Ljubljiana (Eslovenia), siguiendo con su progresión natural, llega a la final del Campeonato de Europa junior, una oportunidad de demostrar a nivel continental la calidad que en España ya había dado a conocer.

Se deja ver en cabeza, con la valentía que ya había demostrado en Soria, sin guardarse agazapada, sin conservadurismos tácticos, con la espontaneidad de la atleta que quiere ser protagonista desde el inicio porque se siente bien, porque confía en sus posibilidades. Un golpe de la atleta que marcha detrás de ella le hace caer al suelo y acaba con sus esperanzas de victoria, a pesar de lo cual termina quinta.

El año 1998 confirma que está lista para pelear con las mejores del planeta al quedar sexta del mundo junior en la localidad francesa de Annecy y lograr el récord de España junior de 800 metros con 2:02:78. Su progresión es imparable y el talento que atesora le lleva a cumplir con el sueño olímpico con solo 21 años en los Juegos de Sídney 2000 después de ganar ese año su primer Campeonato de España absoluto de 1.500 metros. La chica de larga melena que corría en cabeza por las desérticas pistas españolas es ahora una atleta olímpica con cámaras apuntándola desde un graderío a rebosar. Natalia queda fuera a las primeras de cambio, en la eliminatoria de 1.500 al terminar 12ª, pero sabe que volverá.

Aún no ha alcanzado la madurez y el potencial que se adivina en ella. En España, rivales como la madrileña Nuria Fernández, la cántabra Zulema Fuentes-Pila o una joven aragonesa, Isabel Macías, no pueden con ella, y gana seis títulos nacionales de forma consecutiva entre el año 2000 y 2005 corriendo como lo hacía en las pistas de Oregon el millero estadounidense Steve Prefontaine, liderando de principio a fin, con la autoridad que le dan sus fuerzas y su confianza en sí misma.

Es la época de su consagración, de la maldición del sexto puesto que la persigue tras ocupar ese lugar en los Mundiales de Edmonton 2001 y el Europeo de Munich 2002, de ser décima en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, de volver al número maldito del sexto lugar en el Mundial de Helsinki 2005 y los Juegos de Pekín 2008, ya en posición de finalista. “Me dicen que cuando cambie de puesto, lo haga directamente al uno”, bromea Natalia al respecto.

En el camino pasan cosas importantes, deja, como hemos comentado al inicio, el récord de España de 1.500 por debajo de cuatro minutos en Rieti, la ciudad conocida como el ombligo de Italia por la posición central que ocupa en el mapa del país transalpino, y como pasa a veces cuando el atleta está en su mejor punto de forma, al límite de sus capacidades, conoce el lado oscuro del atletismo en forma de lesiones, esos agujeros negros que se tragan temporadas, medallas, récords y recuerdos de gloria.

Aprovecha el parón para ser madre, para saber lo que es que todos piensen que está acabada por su elección de tener hijos, para conocer otra zona oscura, la de la política, como concejala de deportes, y, faltando al pronóstico general, no se rinde. Vuelve a la pista y lo hace a su mejor nivel dejando sin palabras a los que daban por finalizada su carrera. Llega 2009 y llega Berlín, es el Mundial al aire libre y Natalia está mejor que nunca. Lo sabe.

Lo afronta como subcampeona de Europa de 1.500 en pista cubierta en Turín sin saber que en realidad es la vigente campeona de Europa por el dopaje de la rusa Anna Alminova, noticia que no recibiría hasta años después. En cualquier caso, Berlín le llega en su mejor estado de forma, y en el calentamiento siente que vuela, que es su momento. Pero los guiones no siempre están escritos en el mismo orden que los sueños.

Natalia es descalificada por la caída de la etíope Gelete Burka cuando la adelantaba por dentro, y una sombra de lo que pudo ser y no fue se instala en su biografía deportiva. La frustración en medio del éxito. La tentación de rebobinar para reescribir la historia de forma diferente, para correr liderando como solía y evitar el choque.

Apretará un botón, pero no será el de ir hacia atrás para lamentarse en lo irremediable, sino el de ir hacia adelante, el que pulsan los grandes mitos del deporte, que suele significar ganas de revancha. Lo hace en el mundial de pista cubierta de Doha 2010.

Allí vuelve a adelantar a Burka, esta vez sin roce alguno, y logra la plata mundial en pista cubierta. Su condición de atleta top mundial la revalida ese año con un tercer puesto en casa, en el Europeo de Barcelona 2010, y en el mundial de Daegu 2011 con un bronce. Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 no mejoran su diploma de Pekín y acaba fuera en las eliminatorias, pero el palmarés de Natalia Rodríguez se extiende sin pausa ante una insaciable ambición deportiva solo interrumpida por el dolor de las lesiones que ponen a prueba su paciencia entre continuas peregrinaciones médicas.

En 2014, tras tres años en blanco, vuelve buscando una nueva fuente de motivación en el entrenador Antonio Serrano, que dirige la preparación de algunos de los mejores atletas españoles del momento, como el obstaculista Víctor García, la mediofondista Diana Martín o los maratonianos Alessandra Aguilar, Javi Guerra y Pablo Villalobos. Deja a Miguel Escalona, el técnico que durante 24 años lo ha sido todo para ella.

Con la barrera de la distancia entre entrenador y atleta por los kilómetros que separan Madrid de Tarragona, y la responsabilidad de una hija que no facilita la posibilidad de cambiar de residencia, la relación se acaba y Natalia vive una última etapa de pequeñas luces como su victoria este pasado mes de febrero en Sabadell en un 3.000 m donde vence a las mejores tras dos años sin tocar la pista, y de grandes sombras, con la retirada en el campeonato de España de Cross por clubes celebrado en Cáceres por dolores en el gemelo izquierdo.

Esa sombra se alargaría hasta que este pasado lunes 31 de marzo se consuma su inesperada retirada. El año 2015 no era el año del adiós porque Natalia encaraba, a sus 35 primaveras, su primera temporada como atleta del F.C. Barcelona, equipo al que pertenecía desde octubre, con la frescura y las ganas de agradar que aportan los cambios de aires. No lo era porque hay ejemplos como la marchadora María Vasco, retirada a los 37 años, o la también mediofondista Nuria Fernández, en activo a sus 38 años y con voluntad de seguir hasta los Juegos de Río, donde en caso de clasificarse competiría con 40 años, que son pruebas vivientes de que la longevidad en la élite también es posible.

Y sobre todo, no era el año de su despedida porque ella no quería que lo fuera hasta que las lesiones hablaron por ella y en dos tuits puso fin a una vida deportiva que empezó a los siete años: “Gente: Hoy cuelgo las botas. Lo he meditado, y he decidido poner punto y final a mi etapa como atleta, satisfecha por todo lo conseguido… Y agradecida por todo el apoyo que he recibido estos años. El próximo día 8, rueda de prensa en el Ayuntamiento de Tarragona. Hasta pronto!”, dijo. Y el correr fácil y valiente de la atleta tarraconense pasó a ser un recuerdo en nuestra memoria que solo el alivio de poder verla en vídeo de nuevo puede apaciguar.

Natalia Rodríguez En El Mundial De Daegu

Su nombre quedará asociado a una distancia, los 1.500 metros, tanto como el de su atleta más admirado, Jesús España, al 5.000 metros, y ocupará, durante muchos años, quizá décadas, un lugar destacado en la historia atlética española que servirá de ejemplo a las nuevas generaciones de corredoras.

Un maratoniano de hoy contra un pistero de siempre: Carles Castillejo vs Jesús España sobre 5.000 metros

A la hora de elegir la distancia que se corre, a los atletas les pasa algo parecido a lo que sucede en el amor. Algunos se quedan con uno para toda la vida y otros tienen que cambiar porque la cosa no va tan bien como antes e intuyen que con otro podría ir mejor. Si a Jesús España hubiera que adjudicarle una novia esa sería sin duda los 5.000 metros, pero tal y como se puede apreciar en este Campeonato de España disputado en Jerez en 2003, el amor para toda la vida es algo reservado a unos pocos.

En la línea de salida de este 5.000 metros vemos nombres como los de los maratonianos Carles Castillejo, Pablo Villalobos, Nacho Cáceres y Rafa Iglesias, que junto a nombres como José Carlos Hernández y Pedro Nimo entre otros, conforman hoy la élite nacional en la distancia de Filípides. También veteranos como el gallego Lolo Penas, campeón de España de 10.000 metros años después. En 2003, la chispa en las piernas les llevaba a otros ritmos, pero el talento ha permanecido intacto.

La carrera celebrada en Jerez, a 31 grados de temperatura en el momento de la salida, empezó con Pablo Villalobos tirando y un primer mil en 2:45. Nacho Cáceres y Tete de la Ossa le sustituyeron al mando de la prueba, con Jesús España y Carles Castillejo vigilantes y bien colocados. La carrera empieza a romperse pronto, Cáceres y De la Ossa cambian de ritmo al paso por el segundo mil, y de los 16 atletas que toman la salida, solo quedan siete en cabeza, que pasan el 3.000 en 8:12.

A los 10 minutos de carrera De la Ossa lanza un ataque fortísimo al que responden Castillejo, España y Penas. Se descuelgan Cáceres, Viciosa y Villalobos. Pese a que parece que va justo de fuerzas, Villalobos consigue regresar al grupo delantero, pero la carrera va a ser cosa de dos, y el mejor final de Jesús España, agazapado, puede con el ímpetu y la valentía de Castillejo al marcarse un último kilómetro espectacular en 2:28.

Jesús España / foroatletismo.com
Jesús España / foroatletismo.com

Doce años después de esta carrera, Jesús España (Valdemoro, Madrid 1978) sigue siendo uno de los baluartes del atletismo español, y un ejemplo de trabajo silencioso y perseverancia. Con ocho títulos nacionales de 5.000 metros al aire libre, cinco de 3.000 m. en pista cubierta, y un oro y una plata en los 5.000 metros de los Campeonatos de Europa de Göteborg 2006 y Barcelona 2010, Jesús España es, a sus 36 años, un mito del atletismo nacional capaz de algo que pocos han conseguido: Aguantar más de una década entre los mejores.